jueves, 26 de febrero de 2009

Recomendado del día: El secreto de Christine, de Benjamin Black

(Contratapa de la edición de Alfaguara): "Dublín, años cincuenta. En un depósito de cadáveres, una turbia trama de secretos familiares y organizaciones clandestinas comienza a develarse tras el hallazgo de un cuerpo que nunca tendría que haber estado allí. Una oscura conspiración que abaraca ambos lados del Atlántico y que acaba envolviendo en un siniestro abrazo, inesperadamente, la vida de todos los protagonistas".
Benjamin Black es, en realidad, un seudónimo del extraordinario escritor irlandés John Banville. El Secreto de Christine es, a mi entender, una pequeña perla de la literatura negra. Siguiendo la línea que inició Chandler, y explorando en ella, Banville consigue unir lo mejor del género con una literatura de alto vuelo, expresada fundamentalmente en su capacidad para construir personajes y situaciones, con un estilo muy particular que le aporta un gran dinamismo a la lectura, y que mantiene en vilo hasta el final.
El autor logra plasmar en esta obra un ambiente magnífico (e ideal) para el desarrollo de una novela policial, además de mostrar su magistral habilidad para la descripción y la narración. Escrita con un lenguaje estético, llano y preciso, El Secreto de Christine es una novela imperdible para los amantes del género, o una gran ocasión para incursionar en el mismo.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Los cambios que no advertimos

Lo importante es darse cuenta de que algo está cambiando. De que ya no es como antes. A menudo los cambios son tan progresivos que no nos damos cuenta pero a veces debemos detener el tiempo y preguntarnos: ¿qué rayos pasó en todo este tiempo que no lo advertí? ¿Cuántas cosas he perdido? En la vida de cada ser humano existen momentos de inflexión que redireccionan el rumbo de su destino por senderos que no ha transitado aún y uno puede detenerse y tratar de continuar por la vieja senda o sentir la ansiedad de mirar qué hay detrás de esa puerta que se abrió. No siempre las puertas que se abren nos deparan momentos felices, no siempre encontramos lo que queremos, en ocasiones no sabemos en realidad qué es lo que queremos encontrar. La vida es un largo camino en el que uno debe ir mirando los carteles con atención, para no perdernos y encontrarnos solos en la oscuridad de la incertidumbre. Encontraremos de todo en el camino, no todo será bueno, no todo será malo, es uno quien debe elegir la senda, es uno quien escribe la historia.


Ferdinand.

lunes, 23 de febrero de 2009

Grandes obras: Ulises, de James Joyce

Obra monumental, parábola de nuestro tiempo, enigma literario, el Ulises de James Joyce es una de las más grandes obras de la historia de la literatura, y sin dudas la más importante del siglo XX (al menos, en inglés; porque existió un tal Borges). Se trata de una obra repleta de simbolismo, invenciones idiomáticas del propio Joyce (que llega a utilizar vocablos de más de 60 idiomas), críticas solapadas (y no tanto) a la Iglesia, al Estado y a la sociedad, y párrafos brillantes que, a simple vista, carecen por completo de sentido. De esto y más se trata el Ulises, que ha tenido entretenidos a los críticos por más de medio siglo, intentando descifrar uno a uno los enigmas o “puzzles” que el libro contiene, enigmas que, a entender de muchos estudiosos, sólo pueden hallar respuesta en el mundo subjetivo del lector, si es que esto es posible. El mismo Joyce dijo:

“He puesto tantos enigmas y puzzles que van a mantener ocupados a los catedráticos durante siglos, debatiendo sobre lo que yo quería decir, y esta es la única manera de asegurarme la inmortalidad”.

No cabe menos que decir que lo logró, a pesar de algunas críticas que lo acusaron (y continúan acusando) de crear un libro extremadamente difícil, de una lectura intrincada, complicada y que sólo puede ser entendida (al menos en parte) por una afición semi especialista de lectores; es decir, el lector común puede entrar al Ulises, “pero tal vez nunca encuentre la salida, teniendo que salir por donde entró”.
Joyce realiza, en esta novela, una serie de experimentos linguísticos y literarios, fundando un estilo completamente original en la literatura mundial, y dando rienda suelta a una creatividad que no conoció límites, y tal vez por eso excedió los límites ajenos. Una obra que escapa al entendimiento de muchísimos estudiosos, y tal vez, como se ha postulado, también del de Joyce.

La magnitud de la originalidad que Joyce tuvo en esta novela es, digámoslo, casi infinita: se trata de una obra, de un autor, que lleva al máximo las posibilidades del lenguaje, e incluso más allá. El “monólogo interior” constituyó una estructura y un estilo literario que fue, al menos, fundacional: se trata de una narración de los pensamientos internos del personaje, sin utilizar signos de puntuación (imitando el “fluir del pensamiento), y sin seguir ninguna línea de coherencia o hilación. La asociación libre, tan propia de los pensamientos, ha sido plasmada en una novela, y Joyce lo logró.
La estructura de la novela ha sido llamada “estructura homérica”, porque traza un paralelismo (o “sistema de paralelismos”) con la Odisea de Homero, que funciona en diversos niveles: tanto en el lingüístico, como en el retórico, el simbólico y el interpretativo.
No puede entenderse al Ulises de otro modo que no sea desde el pensamiento y los actos interiores de los protagonistas (que a la vez, se ha postulado con suficiente certeza que se trata de sus álter egos –Bloom, en su vejez, y Dedalus en su juventud). Este ha sido otro nuevo acierto de Joyce, dando una nueva vuelta de tuerca a la literatura moderna, que, en mayor o menor medida, tenían cierto grado de objetivismo, tanto en su argumento como en su interpretación.

Joyce fue un autor de una originalidad única, una creatividad incomparable y un talento especial, de esos que no se ven seguido. Jorge Luis Borges escribió sobre él: "Es indiscutible que Joyce es uno de los primeros escritores de nuestro tiempo. Verbalmente, es quizá el primero. En el Ulises hay sentencias, hay párrafos, que no son inferiores a los más ilustres de Shakespeare o de Sir Thomas Browne". Como dice la edición en español de Santiago Rueda: “Ha pasado casi un siglo de estudios que profetizaba Joyce, y la cantidad de ensayos sobre su obra es ya tan extensa, que prácticamente cada día se añade alguna interpretación o algún dato nuevo. De Joyce, y sobre Joyce, se ha dicho todo, y al mismo tiempo está todo por decir”.

domingo, 22 de febrero de 2009

Semblante

El rostro de una persona, es un mapa donde se han librado muchas batallas y no siempre se ha vencido. Las derrotas son recordadas por todos, pero las victorias olvidadas con facilidad, porque el mundo es proclive al desmedro del éxito, persiguiendo ambiciones avaras, en una carrera sin reglas, en una tierra sin cielo.

Ferdinand.

Poesía Vertical

Estuve leyendo el tomo I de la Poesía Vertical de Roberto Juarroz, y además de mencionar que es un autor que lisa y llanamente desconocía, debo decir que me ha sorprendido en varios aspectos, y digo sorprendido porque se trata de un autor con gran poder expresivo, y una bella solidez en los versos, sobre todo utilizando frases cortas, y echando mano de una siempre muy oportuna puntuación. Dejo algunos pequeños fragmentos que me gustaron, me inquietaron, y van a parar a mi cuaderno de notas, porque siempre que un verso me moviliza, intento inmortalizarlo en algún papel cercano. Aquí están:

"No despierto del todo.
Pero esta música fantasma
también viene a decirme
que hay ciertas cosas excesivamente intensas
que no están hechas para el recuerdo,
porque la condición de su intensidad es el olvido."

"La sombra de una flor también perfuma.
Un recuerdo abre y cierra los párpados.
El amor es la contraseña del tiempo.
El revés es la zona donde se encuentra
todo lo perdido."

"Quizá debamos aprender que lo imperfecto
es otra forma de la perfección:
la forma que la perfección asume
para poder ser amada."

Roberto Juarroz, Poesía Vertical I.

Recomendado del día: Voces en la noche, de Isidoro Blaisten

(Contratapa de edición Seix Barral) "Un vendedor de camisones que circula por la ciudad está convencido de que uno de sus clientes está siendo influenciado por un desconocido dispuesto a arruinar la literatura para todas las generaciones futuras. Su misión indelegable es eliminarlo, pero primero debe descubrir quién es. Esta tarea encuentra su insólito contrapunto en las 'voces de la noche', que se burlan de los esfuerzos del vendedor pero que le ordenan matar, y la voz de la señora Tokoyama, que le recita haikus y le lee las desopilantes enseñantes de un maestro zen. La bella Adela, el herrero Herrero, los inefables armenios y la rubia misteriosa provocan por su parte las más inesperadas situaciones".

Cuentista formidable, escritor de un gran talento, Blaisten tiene entre sus obras a ésta como su única novela. Y hay que decirlo, es para lamentarse, porque estamos en presencia de una pequeña joya literaria. Voces en la noche, desde su estructura (los pequeños capítulos en que la obra está dividida, aportando una dinámica incomparable) hasta su argumento (de una originalidad absoluta), es una novela creativa, ácida y brillante.
La novela entreteje la historia entre dos mundos, uno real y visible, en el cual podemos sentirnos cómodos y disfrutar de la calidez de los personajes; y otro paralelo, que nos inquieta tanto como nos intriga, empezando por las Voces (que escucha el vendedor por las noches), y terminando en el descubrimiento de "la identidad del asesino" (de la literatura, claro está). Con un humor impecable (algunos haikus son inolvidables), un estilo narrativo muy original, y un equilibrio estupendo entre realismo y fantasía, esta novela, por momentos parodia, por momentos pesadilla, es una obra magnífica que, a mi entender, ha sido poco valorada por la crítica y por los lectores en general. No hay que perdérsela.

sábado, 21 de febrero de 2009

Lo incierto

"¿Dónde radica el entendimiento de lo incierto? No lo sé.
Desconozco qué significa para mí lo inevitable, pero existe, si, aunque intento buscar millares de justificativos para salirme de esa idea, existe, lo siento así. Queda entonces la esperanza de conocerlos, al menos vislumbrarlos, en el peor de los casos, recordarlos como tales. Pero en la misma esperanza de entender lo inevitable, lo que no tiene nombre, lo que no pueden decir las palabras, allí, reside la debilidad que nos hace ingenuos. Nunca he sido temeroso del futuro, pero tampoco lo he confundido con el destino. De esos conceptos tan dispares como cercanos, surge la necesidad de definir lo incierto, aunque de todos modos, seguirá siendo incierto, es su misma esencia. Y es que veo en el destino retazos del pasado, me encuentro con esquirlas del día de hoy, e inevitablemente termino asociándolo a mi futuro cercano, tan lejano. Acaso el destino es todo, no un plan de acción trazado con anterioridad, no es motivo para utilizar el vano argumento del libre albedrío, la actitud poética de los artilugios para conducir nuestro futuro… y en esa misma actitud, el destino dice presente. Y es que pienso y creo, siento, que en él mismo radica lo que haremos, por decisión propia, por libertad bien entendida. El destino no nos indica cuál camino tomar, no nos fuerza a elegir un rumbo; en este caso, el destino es ese camino que tomamos, y ese rumbo que elegimos. En él, lo incierto, el fulgor de lo inevitable."

Kutxi.